Cuando pensamos en comprar un Seguro Todo Riesgo para nuestro vehículo, la primera imagen que se nos viene a la cabeza es un accidente de tránsito grave o el robo del carro. Es lógico, compramos protección para los peores escenarios.
Pero, ¿sabías que la mayor parte del tiempo tu póliza te protege de situaciones cotidianas que no tienen absolutamente nada que ver con choques?
Un Seguro Todo Riesgo es mucho más que un respaldo financiero para emergencias mayores; es un paquete integral de asistencias en la vía diseñado para hacerte la vida más fácil (y ahorrarte mucho dinero).

Imagen de referencia.
1. Carro Taller y averías mecánicas
¿Batería muerta, llanta pinchada o te quedaste sin gasolina? Tu póliza envía un técnico al lugar para solucionarlo rápidamente. ¡Adiós a buscar mecánicos de urgencia!
2. Servicio de Grúa por fallas
Si el carro no prende por una falla mecánica, el seguro cubre el traslado en grúa hasta tu taller de confianza o concesionario. Un salvavidas que te ahorra mucho dinero.
3. Conductor Elegido
Si saliste a cenar, tomaste unos tragos y no debes manejar, la aseguradora te envía un profesional para que te lleve a ti y a tu carro a casa a salvo.
4. Cerrajería Vehicular
¿Dejaste las llaves adentro del baúl o la cabina? En lugar de romper un vidrio o forzar la chapa, tu póliza envía un cerrajero experto para abrir el vehículo sin daños.
5. Asistencia en Viajes largos
Si te varas lejos de tu ciudad, el seguro va más allá: puede cubrir el alojamiento en hotel mientras reparan el carro o los pasajes para que tu familia regrese a casa.

Recuerda siempre consultar con tu aseguradora
sobre las asistencias que ofrece tu póliza.